Paul Conroy, contratista civil en Irak, se despierta enterrado en un ataúd. Sólo cuenta con un móvil y un mechero para escapar de una pesadilla que puede ser mortal. Un insólito e ingenioso thriller que levantó una enorme ola de expectación en gran parte del mundo. Rodado en 17 días y con un escaso presupuesto de dos millones de euros, ''Buried (Enterrado)'' llamó la atención de crítica y público por su interesante premisa: toda la acción parece ocurrir en un espacio tan reducido como un ataúd. El responsable del atrevimiento es el director español Rodrigo Cortés, inexperto y desconocido en ese momento, pues sólo había rodado un filme. En ''Buried (Enterrado)'', Cortés utiliza siete ataúdes diferentes, algo imperceptible para el espectador, y una variedad de planos que logra generar una atmósfera claustrofóbica pero nada repetitiva. El enterrado en cuestión es Ryan Reynolds, que un año antes había estrenado junto a Sandra Bullock la comedia romántica ''La proposición''. Sometido a un cambio de registro brutal, Reynolds confiesa que sufrió claustrofobia cuando rodaba el clímax final del filme. Lo definió como ''una experiencia nunca antes vivida que no desearía repetir jamás''.